header image
 

Quiero que me azotes… quiero que me azotes… quiero…

 

Naturalmente… esa ella era yo y desde que tomé conciencia de mi sexualidad distinta a la de las chicas que me rodeaban, siempre pensé que la extraña era yo, la que guardaba en su interior algo que ni yo misma comprendía y el primer orgasmo llegó imaginando que me azotaban, cuando aún era solo una niña…  

Y luego, todos los demás partieron mi mundo en dos mitades, un cuerpo que gozaba una sexualidad convencional y una mente que abandonaba ese cuerpo para volar lejos… muy lejos, a los brazos de un hombre que supiera sacar de mí todo lo que yo estaba sintiendo, todo lo que se me ahogaba dentro porque a esa edad, cuando aún no había identificado qué era lo que me pasaba, no podía contárselo a nadie y durante cada una de mis relaciones sexuales, tenía que imaginar que era azotada para alcanzar el clímax con mi pareja. 

 Quiero que me azotes… quiero que me azotes… Pero estaba en mi mente y no fui capaz de decírselo jamás a ninguno de los muchos hombres que me amaron y solo cuando sus caricias se deslizaban por mis nalgas, suaves, tímidas, livianas… solo entonces mi cuerpo era recorrido por un escalofrío y se activaba de nuevo el deseo que me consumía por dentro “Quiero que me azotes… 

Y una sucesión de hombres jóvenes pasaron por mi cuerpo y por mi cama sin darme jamás lo que yo de verdad necesitaba, no porque ellos no hubieran sido capaces de hacerlo, sino porque yo, jamás fui capaz de pronunciar aquellas palabras. 

Quizás era demasiado joven, quizás demasiado inocente… pero se me quedó en la piel el deseo demasiado tiempo y ahora… sé que nunca es demasiado. 

~ por selene35 en Agosto 14, 2007.

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.