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Pensando que era distinta.

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Sobre una silla, sobre el sofá, en la cama… tantas veces adopté posturas que invitaban a un hombre imaginario a darme unos azotes. Mientras que no supe el nombre, no pude darle forma y los primeros nombres que encontré no se ajustaban a sus fantasías. Sabía que no me gustaba el BDSM, pero no sabía que lo que yo deseaba se llamaba spanking.

 Mi ceremonia privada era muy sencilla. Me despojaba de las bragas, subía mi falda hacia arriba y comenzaba a fantasear con ese hombre que me azotaba por cualquier motivo o incluso sin él. Sencillamente, soñaba con esos azotes sobre mis nalgas. Siempre sobre mis nalgas, a veces también los muslos y que luego me recorría con las mismas manos que me habían azotado y me llevaba a un orgasmo intenso entre fuertes gemidos. Pero al principio, esas eran mis escenas y yo estaba sola… con mis fantasías, mis deseos y esos orgasmos silenciosos que sin embargo resonanban dentro de mí.

~ por selene35 en Agosto 22, 2007.

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